lunes, 13 de octubre de 2014

Las jóvenes y el feminismo: El espejismo de la igualdad



feminismo-jóvenes-neomachismo-espejismo
El feminismo sigue teniendo una mala prensa, y esta situación viene dada por que muchas personas lo asocian al odio a los hombres, y a la idea de que las mujeres quieren ser superiores a ellos.

El estigma de la palabra feminismo está a caballo entre el  desconocimiento de lo que significa fuera de los círculos feministas, y por otro lado, a la continua descalificación, desprestigio y ridiculización de las posiciones feministas, que si se conocieran, muchas personas no dudarían en denominarse de esa manera.

Porque el feminismo no es lo contrario del machismo. Es un movimiento que lucha por el reconocimiento de las mujeres como sujetos humanos y sujetos de derechos. No es sólo un cuerpo teórico sino también un movimiento político. De acuerdo a Carmen Castells “entendemos por feminismo lo relativo a todas aquellas personas y grupos, reflexiones y actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad, y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en que ya no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género.”

 La concepción negativa de la palabra “feminista” es fuerte. Se equipara a ser bruja, mala-madre, solterona, come-niños, odia-hombres, lesbiana. El rumor indica que las feministas son antihombres, abortistas, libertinas, amenazantes. Ésto provoca que las jóvenes no quieran identificarse con algo que tiene una carga de descalificación ante la sociedad. Así, muchas jóvenes herederas directas de las conquistas por los derechos de la mujer no se sienten a gusto con esta calificación.

Pero como cita Coral Herrera Gómez" El feminismo no quiere imponer un matriarcado basado en la violencia contra el hombre, como ha sido el patriarcado hasta ahora. No desea dejarlos sin voto, ni violarlos en las guerras, ni mutilar sus genitales en pro de una tradición cultural, ni confinarlos en el ámbito doméstico, ni quiere matarlos por adulterio. El feminismo no pretende que los hombres sean propiedad de sus madres y luego de sus mujeres, ni desea que los hombres cobren salarios más reducidos, ni tampoco querría desterrarlos de las cúpulas de poder mediático, empresarial y político…() Comprendan que eso es una locura que no promueve el feminismo”.

Por otro lado, muchas jóvenes no son conscientes de que no se ha conseguido la igualdad real entre hombres y mujeres, y piensan que las reivindicaciones feministas pertenecen a la época de sus abuelas o de sus madres. Viven en lo que se denomina “un espejismo de la igualdad”, y  piensan que la igualdad entre hombres y mujeres ha sido lograda. Parece ser que lo que cuesta más a los jóvenes, es reconocer las desigualdades y la microviolencia que existen en la vida cotidiana. No olvidemos que un rasgo del sistema patriarcal, es la gran dificultad para percibir la desigualdad sexual.

 Algunos estudios aseguran que las jóvenes no detectan comportamientos machistas. Como el mito del amor romántico, que todo lo puede y en el que todo está justificado. Los celos como uno de los factores de reproducción de la desigualdad, son tomados como  un signo de amor, e incluso el requisito indispensable de un verdadero amor. Este mito suele usarse habitualmente para justificar comportamientos egoístas, injustos, represivos y, en ocasiones, violentos.

Amalia González en su análisis de las revistas para jóvenes afirma:"En estas revistas para chicas observamos la combinación de libertad y desenfado sexual con la reproducción de estereotipos tradicionales. La jovialidad que rezuman estas revistas convierte cualquier situación en mero problemilla que siempre tiene final feliz marcado por la venida de algún redentor". Pone de manifiesto la idea del amor romántico, donde se destaca la falta de reciprocidad; se les suele dar toda clase de recomendaciones para desplegar las armas de mujer, “pero con mucho cuidado de no molestarlos, porque si se molestan se pueden ir”

 Los movimientos feministas no llegan a la población joven y calan más los  mensajes de  los medios dando a entender que la situación para la mujer ya ha cambiado y que ahora están en todos lados. Uno de los mayores retos del feminismo es hacer visibles esas desigualdades a la opinión pública y no es fácil porque acecha el neomachismo a través de una apariencia de piel de cordero, pero con una continua reacción ideológica frente al feminismo, que intenta demonizarlo, para que no esté bien visto.


 Es una nueva forma de mantener las posiciones machistas tradicionales, pero con nuevos discursos y nuevos contenidos y como se ha mostrado frecuentemente a lo largo del tiempo, puede transformarse para no desaparecer.

En los medios, se exhibe a mujeres exitosas en distintos ámbitos social, laboral, político.., mostrando que la lucha feminista ya no es necesaria porque la que se esfuerza logra sus metas, sin conceder nada de reconocimiento a las luchas feministas que allanaron el camino.

No obstante, los logros conseguidos y los derechos son débiles y muy frágiles, porque el derecho a la educación, la sanidad y la justicia que parecía ser universales y gratuitos, se han tambaleado.

 Existe una paralización en el impulso de políticas de igualdad y modificaciones muy importantes como la eliminación de la asignatura de educación para la ciudadanía, todo un retroceso dentro de las estrategias para la prevención del sexismo y la violencia de género. No está garantizado por que las mujeres en un futuro gocemos de más igualdades y libertades que hoy.

Puede haber retrocesos en los derechos alcanzados-porque la progresión nunca ha sido lineal-bajo cualquier pretexto: paro, crisis, ideología y con la retirada de la reforma de la ley del aborto, gracias a las reivindicaciones de los grupos y asociaciones feministas, una parte de las jóvenes han tomado conciencia de que estamos en un momento muy sensible para las libertades de las mujeres y conviene no bajar la guardia por lo que pueda venir.

Simone de Beauvoir,  hasta casi los cuarenta años pertenecía al género de mujeres que declaraban “no haber sufrido discriminación alguna”.
“Empecé a analizarlo y súbitamente se me reveló: este mundo era un mundo masculino, mi infancia había sido alentada con mitos forjados por los hombres. Y no había yo reaccionado de la misma manera que si hubiese sido un chico. La cuestión me interesó tanto que abandoné el proyecto inicial de elaborar una especie de relato personal y decidí ocuparme de la condición femenina en general. El resultado fue su libro “El segundo sexo”.

 Si a la mismísima Simone de Beauvoir le costó la mitad de su vida llegar a posiciones feministas, quizá se pueda comprender que ésto le suceda a las jóvenes de hoy en día, que tienen menos experiencias en tema de desigualdades por la edad, y normalmente sólo se percatan de las discriminaciones, cuando llegan al mercado laboral y se topan con el techo de cristal, la desigualdad salarial o cuando deciden ser madres.


Para que los jóvenes perciban la lucha feminista como necesaria, y sean conscientes del problema de la existencia de ciertas acciones y actitudes  discriminatorias y violentas sobre todo en las relaciones afectivas-porque en muchas ocasiones confunden el control de la pareja con el cuidado- pasa por aumentar la coeducación en las aulas, adaptar el mensaje feminista a las nuevas generaciones, favoreciendo en los discursos su participación, para que dejen de vivir creyendo que la situación actual es justa.

Twitter @sibelo05

 Fuentes consultadas
-Las jóvenes y el feminismo: ¿indiferencia o compromiso? Oralia Gómez Rámirez y Luz Verónica Reyes Cruz.
-Feminismo para no feministas.La Vane contra Patrix. Rosario Hernández Catalán. Federación mujeres Jóvenes. Interesantísima lectura para jóvenes.
-Feminismo y juventud en las sociedades formalmente igualitarias.Ana de Miguel Álvarez

lunes, 29 de septiembre de 2014

Las nuevas masculinidades y la igualdad



masculinidades-educación-estereotipos
Foto extraída del curso “Género y masculinidades” de Omlem


El significado de “ser hombre” y “ser mujer” es diferente para cada persona, situación que se explica a partir del proceso de socialización al que todas las personas están expuestas desde temprana edad.

La socialización de los niños en las sociedades patriarcales, proceso  por el cual  aprenden la forma de relacionarse con los demás y las normas que permiten adaptarse a la sociedad, hace que se les asigne un rol masculino, un rol prestigiado socialmente y relacio­nado con el ámbito público. Así, la masculinidad como un estereotipo va asociada a ciertas características como el poder, la fuerza, la agresividad, la violencia, la competición, la virilidad, a soportar  el dolor.  

 Estas características no son innatas, son social y culturalmente aprendidas. La masculinidad sólo existe en contraste con la feminidad, y  las relaciones entre los géneros se han dado y se dan en un contexto de jerarquía donde, las personas que poseen el género masculino se sitúan por encima de las que tienen el género femenino, quedando fuera otras categorías que no se corresponden con la dicotonomía masculino/femenino.


Al  varón se le desafía a que constantemente debe demostrar que es “un hombre”. Prácticamente todas las investigaciones sobre el género masculino insisten en la mayor necesidad de los varones de demostrar públicamente su masculinidad, y en la amplia variedad de contextos y situaciones en que lo hacen.

En el proceso de constitución de la masculinidad predomina el código negativo sobre el positivo: Los varones aprenden antes lo que no deben hacer o ser para lograr la masculinidad, que lo que deben hacer o ser. Se les enseña a no mostrar sus emociones: Un hombre no llora, no tiene miedo. De esta manera se le desconecta de su sensibilidad. Se espera también que tengan  una vida sexual muy activa y aprenden que deben separar sus emociones del plano sexual, y que cuantas más relaciones sexuales tengan con un mayor número de personas, más hombres serán.

La mayor mortalidad masculina no es causal sino “masculina”. Las consecuencias de la educación masculina tradicional, refuerza la idea de que el cuidado propio y de otras personas, es femenino. Las estadísticas dicen que se suicidan más hombres que mujeres en todo el mundo, porque no tienen herramientas adecuadas para gestionar sus emociones. La dejadez en la protección en las relaciones sexuales (vanagloriarse de hacerlo “a pelo”), el exponerse a situaciones peligrosas en el trabajo y a largas jornadas en él, a no decir que se está enfermo hasta que es demasiado tarde, son trampas mortales para ellos.  Principalmente, los jóvenes, tienen a exponerse más a situaciones de riesgo, para demostrar que se tiene el arrojo de un hombre mediante prácticas temerarias en la conducción de vehículos y motocicletas, así como conducir bajo los efectos del alcohol.

Se puede decir que una determinada forma de masculinidad, puede en un determinado momento cultural e histórico, constituir la forma aceptada y utilizada de ser hombre, por encima de otros modelos existentes, el cual se busca imponer de forma hegemónica a todos los varones pertenecientes al grupo. De igual manera existirían otras masculinidades subordinadas u otras formas de ser “hombre”  que se alejarían de este modelo aceptado, y que se marcarían como inadecuados o inferiores.
Masculinidades-socialización-estereotipos
El discóbolo de Mirón

“Cuando un hombre es sensible, empático, se muestra vulnerable, sabe consolar y busca consuelo, expresa sus emociones y no es competitivo, automáticamente se aleja del modelo tradicional”.

Numerosos estudios confirman la existencia en diferentes sociedades de "múltiples masculinidades" y que no existe una sola masculinidad. Aunque haya pocos hombres que sigan rigurosamente las formas exaltadas de patrones masculinos tradicionales, sí que se beneficiarían de la ventaja que sacan los hombres de la subordinación de las mujeres, es decir del mantenimiento del modelo, o por el contrario, no se beneficiarían en absoluto. 

En los países occidentales patriarcales, basados en el predominio de la raza blanca y la heterosexualidad, cuando los grupos marginados – mujeres, grupos étnicos y homosexuales, reclamaron su derecho a la igualdad en los años sesenta, al obtener más visibilidad y derechos, no sabían que también iban a tambalear las bases donde se asentaban la construcción de la masculinidad del hombre blanco y heterosexual.

Desde los años 90, los medios de comunicación y muchas investigaciones se hicieron eco de un hecho sociológico: el varón y la masculinidad estaban en crisis. Buen exponente de ello fue, la gran cantidad de estudios sobre esta temática que se han venido realizando. Al hombre postmoderno, ya no le sirven los modelos tradicionales masculinos, se sienten inseguros en cuanto a “cual” es su papel a medida que las mujeres cuestionan los roles que tradicionalmente se le han asignado, reclamando la igualdad a todos los niveles. Pero en otro plano, estamos asistiendo a un alarmante crecimiento de la violencia de género, y que es indicativo que a nivel social algo no funciona bien.

Angels Carabí se pregunta ¿Qué es lo que se le está escapando al varón de las manos que necesita recurrir a fármacos especiales o a la fuerza bruta para afirmarse?¿Por qué el hombre necesita tener el control en sociedades encaminadas a una clara política de igualdad de derechos? Lo más probable es que el varón contemple el proceso hacia la igualdad como una pérdida de poder y su virilidad.

Se hace indispensable el cuestionamiento por parte de los hombres del tradicional modelo de masculinidad. La masculinidad tradicional no es un valor esencialista sino culturalmente construido, y porque es un constructo social, es susceptible de ser modificada.

Siguiendo a Angels Carabí, la mejor manera de actuar en un panorama así es empezar con que el hombre reconozca su situación real. Es decir, se haga  consciente de hasta qué punto ha sido configurado por la construcción tradicional de la masculinidad y cómo ésta ha supuesto una prisión incluso para él. La evolución del varón es crucial para la transformación de la sociedad pues si el sujeto del patriarcado, el hombre y su construcción de la masculinidad no varía, no cambia casi nada.

No se trataría de victimizar a los hombres, sino de dotarles de que tomen conciencia de los peligros que también entraña la educación sexista para ellos. Nombrar los inconvenientes sería una estrategia para que valoren positivamente el cambio hacia la igualdad.

 Cuestionar y deconstruir el modelo masculino hegemónico y la forma en que se reproduce, de manera individual y colectiva, puede ser un buen punto de partida para corregir los daños que el sexismo genera en hombres y mujeres.

Es fundamental que los varones tengan una posición activa y de denuncia, sobre la violencia contra las mujeres; que entiendan y asuman que la realización de los trabajos domésticos y de cuidado son también responsabilidad masculina y que puedan superar el tradicional aislamiento de los hombres en el ámbito de las emociones. Un compromiso con este cambio puede comenzar por utilizar los permisos de paternidad, reducciones de jornada y excedencias.

Una apuesta por la igualdad también conllevaría un cambio de actitud hacia otros hombres, a través del reconocimiento de la pluralidad masculina, y de la diversidad de opciones sexuales, manteniendo un compromiso firme contra la homofobia y la transfobia.

Trabajar otra forma de entender lo que significa “ser hombre” no es un trabajo sencillo, pues requiere deconstruir en poco tiempo lo que durante siglos nos han  venido contando.

Fuentes consultadas
-Nuevas masculinidades. Marta Segarra y Ángels Carabí.
-Poder, masculinidad y virilidad. José María Espada Calpe
-Los hombres, la igualdad y las nuevas masculinidades. Emakunde: Instituto vasco de la mujer
-Las fisuras del modelo de masculinidad hegemónica y sus efectos sobre la cohesión social. Luis Edmundo Gálvez

jueves, 25 de septiembre de 2014

Las reformas laborales y medidas “anticrisis” son insensibles a la perspectiva de género




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Ésta es una de las muchas conclusiones a las que ha llegado el Informe Sombra elaborado por la Plataforma Informe Sombra CEDAW España, compuesta por 50 organizaciones no gubernamentales de mujeres, derechos humanos y cooperación internacional de toda España, y refrendado por más 260 organizaciones, donde la sociedad civil tiene la oportunidad de evaluar  la igualdad de género para contrarrestar el análisis oficial gubernamental.

Dicho informe responde al proceso de seguimiento de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) suscrito por España en 1984.

Los resultados son contundentes: España suspende en materia de igualdad de género. Pero hay que decirlo fuerte y claro, porque los datos están  ahí, y  sobrepasando  la realidad  más allá de la versión oficial gubernamental, ésto significa que lejos de ir progresando, se retrocede en todos los ámbitos al evaluar la igualdad de género en el Estado español.

Poco a poco, las políticas de género se están desmantelando, por no decir de las rebajas constantes en subvenciones llevando en algunos casos a su supresión y la omisión de los compromisos  internacionales que en esta materia se deben asumir.

¿Cómo han contribuido las reformas laborales a la desigualdad de los derechos económicos de las mujeres?
- Desde sus inicios, las primeras medidas “anticrisis” se proyectan en sectores masculinizados, ya que alrededor del  2/3 de las ayudas del Fondo Estatal de inversión Local, se otorgó a la construcción,  e incidiendo negativamente en las mujeres a pesar de que el paro femenino era superior, así como la congelación del salario mínimo profesional y el aplazamiento de la mejora de las pensiones de viudedad que afecta en un mayor porcentaje a mujeres.

- Si  las mujeres tienen una mayor tasa de desempleo -pasando del 13,04% en 2007 al  27,02% en 2013- y son las protagonistas de la precariedad laboral y temporalidad, con la entrada del RD 3/2012 se le otorga al empresariado la posibilidad de cambiar la jornada de trabajo y flexibilizarla  con mayor facilidad  e incluso en contratos a media jornada , recayendo en el empeoramiento de las condiciones sociolaborales de las mujeres . Si el contrato a tiempo parcial recorta el derecho de jubilación y atendemos al dato de que el 80% de los contratos a jornada parcial lo tienen las mujeres, esta situación las aboca a pensiones no contributivas con una cuantía mucho menor que en los hombres.

- Se eliminan las medidas de acción positiva para la inserción /permanencia de las mujeres. El Gobierno elimina en 2012 las bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social para las autónomas que se reincorporan a la actividad económica por cuenta propia tras su maternidad. Eliminan también las bonificaciones a las madres que se reincorporen al trabajo tras el parto o excedencia por cuidado de hijos en la última Reforma laboral y la protección de nulidad (prohibición) del despido en caso de afectar a mujeres embarazadas o trabajadores con reducción de jornada por guarda legal no se aplica en caso de despidos por causas objetivas, que son las extinciones mayoritarias en la actualidad con la situación de crisis.

- Se debilita la negociación colectiva y los mecanismos específicos de promoción de igualdad de oportunidades incluidos en la ley orgánica de igualdad. Con la reforma laboral los acuerdos de empresa se están imponiendo sobre los convenios colectivos, pudiendo la empresa modificar los planes de igualdad por razones organizativas, siendo previsible que queden  sin efecto.

¿Qué ocurre con el porcentaje de mujeres directivas en España? Pues que también baja del 19,5% de ejecutivas que había en 2008 al 10’3 %  en 2013, por supuesto apuntando que en todas las categorías perciben menos salarios que los hombres, y de esta manera la brecha salarial se consolida y acentúa. 

El crecimiento del autoempleo femenino del 1’3% es más que cuestionable, ya que según el informe puede tratarse de falsos autónomos.

Como resultado, las medidas “anticrisis” tomadas, acentúan la división sexual del trabajo, dificultan la corresponsabilidad masculina y apartan a las instituciones de sus compromisos.


Fuente consultada
Informe Sombra a través de la Red Nosotras en el Mundo