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jueves, 19 de noviembre de 2015

Multinacionales textiles y desigualdades de género: “fast fashion” versus “ slow fashion”

moda, género, multinacionales


Durante siglos, la costura estuvo considerada como un trabajo femenino en manos de las mujeres e inapropiado para los hombres.

Las mujeres también gozaban de cierto control sobre la moda como marchantes, generando mujeres independientes y ricas, durante el antiguo régimen del París prerevolucionario.

 Esta implicación de las mujeres en la parte comercial del negocio, levantó suspicacias, y como en todas las profesiones cuando se empieza a comprobar que se puede generar dinero, aparecen en el siglo XIX nuevas ideologías que acaban recluyendo a las marchantes a la trastienda “donde se permitía coser y confeccionar pero jamás dirigir y controlar”.

 A esta situación hay que sumarle, la aparición del modisto moderno, que a su vez contribuyó al desmembramiento paulatinamente del control de las marchantes sobre el sistema de la moda.

La historia de la industrialización dentro de la industria de la confección y del sector textil está basada en un complejo sistema de explotación donde confluyen muchos factores.

“Poner al descubierto la industria de la moda, es poner al descubierto las interconexiones entre clase, género, raza y etnia, conexiones que tienen raíces históricas”. Phizacklea

Con la llegada de la mecanización para la producción de telas, la producción se trasladó del hogar a las fábricas, y los roles de género existentes en las casas se reprodujeron en ellas. De esta forma, las mujeres y los niños eran empleados para hacer funcionar los telares eléctricos y los hombres supervisaban. Esta división del trabajo era también una división de salarios y de posición social, puesto que los hombres ganaban más que las mujeres, que, por lo general, cobraban por pieza producida.
            
industria textil, discriminación de género, revolución industrial


La expansión del capitalismo de «mercado-libre , ha supuesto una búsqueda continúa para un mayor provecho de los fabricantes de la industria textil y confección, que siempre se han alimentado del trabajo de los obreros más vulnerables, mujeres de clase trabajadora, niños y nuevas poblaciones de inmigrantes.

Esta situación no parece haber cambiado en años, con el desarrollo de las empresas trasnacionales, y con su política de deslocalización de su producción .Con la producción basada en la estrategia comercial del fast-fashion(el fenómeno de la ropa desechable), se venden  múltiples prendas baratas , que son sustituidas con frecuencia.

Las maquilas, fábricas de multinacionales mayoritariamente del sector textil, situadas en  las zonas francas de exportación, son un buen ejemplo de ésto. Su plantilla formada principalmente por mujeres, está expuesta a condiciones infrahumanas de trabajo, donde continuamente se  violan los derechos humanos y laborales, en  un ambiente insalubre, con grandes repercusiones para su salud.

Además, el trabajo en casa, en pequeñas y hacinadas habitaciones, ha vuelto a estar en auge, afectando en su mayoría a trabajadoras, lo  cual, es todavía una forma más barata de producir, ya que reduce los costes  y aumenta los beneficios para las grandes corporaciones.

 “La industria de la indumentaria ha estado siempre contaminada por una nociva
criatura conocida como el taller explotador [sweatshop]. La palabra conjura imágenes de lugares sofocantes y oscuros desvanes hacinados de mujeres y niños trabajando sin parar durante la noche por salarios que escasamente les llegan para comer. [...] Es la peculiar naturaleza de esta industria, cuyas condiciones pueden verse hoy en día más o menos tal como eran hace cien años”. Howard

La Campaña “Ropa Limpia”, que fue llevada a cabo por la ONG catalana Setem, en sus investigaciones y denuncias, ponen el acento en la política de deslocalización de su producción que llevan a cabo grandes firmas textiles y cadenas de moda españolas y de la mayoría de países occidentales en el Tercer Mundo, como sucede en Marruecos, con verdaderas situaciones de explotación laboral, extendiéndose también a otros países como Rumanía, Perú, Pakistán, la India y Malasia.

En contrapartida, existe un auge incipiente por la moda lenta o slow fashion, que intenta no fomentar el consumo indiscriminado de ropa, surgiendo como una respuesta de consumidores y creadores por igual, a la llamada moda rápida o fash fashion.
                                               
slow fashion, moda sostenible, desarrollo económico local


Con la filosofía de la “moda lenta” se pretende anteponer la calidad a la cantidad, donde las prendas duren más y que los consumidores tomen conciencia de la importancia ecológica, social y económica de la moda que consumimos. En definitiva, sostenibilidad y respeto: respeto a quien hace la ropa y respeto a quien la usa. Así, se propone la utilización de tintes naturales que no sean perjudiciales para la salud, se fomenta la economía y el empleo local, potenciando un sistema de contratación ética en condiciones laborales  dignas.
                                                      
slow fashion, moda sostenible, moda responsable


Para entender más sobre esta filosofía que inspira el slow fashion , Laura Martínez de Gansos Salvajes, en su artículo ¡Qué cara es la ropa sostenible! publicado en la  plataforma de moda sostenible de España , hace la siguiente reflexión:

¿Por qué la industria automovilística sube sus precios y mientas prolifera la industria de la ropa barata? La respuesta es clara, porque crece sobre la tierra fértil de la desvalorización de las mujeres. Las de aquí y las de allí.

Fuentes consultadas
-El cuerpo y la moda: una visión sociológica. Joanne Entwistle

jueves, 20 de noviembre de 2014

Condiciones laborales, trabajadoras y trastornos alimentarios



salud-género-transtornos-moda-alimentación
Debido a la alimentación y un estilo de vida inadecuado de la sociedad moderna, con un alimentación rápida e hipercalórica y altas dosis de sedentarismo, han aumentado los problemas de sobrepeso y obesidad. Como reacción ante esta situación, se han construido unos valores estéticos de delgadez y de culto al cuerpo, además de actitudes sociales de marginación a las personas con obesidad.

 Estos valores y actitudes toman más fuerza entre las mujeres, jóvenes y de clases altas, donde han disminuido en esta parte de la población el porcentaje de obesidad y ha aumentado el bajo peso y los trastornos de conducta de alimentación.

De esta manera se hace necesario superar el dilema entre padecer obesidad o sufrir trastornos alimenticios, por medio de una adecuada educación de buenos hábitos alimenticios y deportivos.

Existen por otro lado, ciertas profesiones que exigen a sus trabajadoras en su mayoría, ciertas condiciones estéticas de peso y altura y en la que se puede considerar que están por debajo de lo que la OMS, puede señalar como saludable. Como ejemplo, las profesiones relacionadas con la industria de la moda, y cuyo objeto social tiene este fin, y a las que se les exige a sus empleadas que tengan unas determinadas medidas, prohibiendo incluso en sus establecimientos la venta de tallas superiores a la 42 o la venta exclusivamente de tallas inferiores a la 38. La obsesión por la delgadez de la industria de la moda ha llegado a provocar incluso que algunas jóvenes acaben ingresadas en el hospital debido a su desnutrición.


 Llama la atención el vacío legal en relación con la regularización de la actividad que ejercen las modelos y las actividades que desarrollan las agencias que las representan y todas las industrias cuyo objeto social, expongan a sus trabajadoras a ciertas condiciones físicas que supongan un riesgo para su salud, como tener un determinado peso o talla.

Para ciertas profesiones la apariencia física, se ha convertido en un reclamo, que cotiza más en alza que las habilidades técnicas para realizar el trabajo. En una interesante investigación sobre "Trastornos alimenticios y mercado de trabajo" de Jose Luis Moreno, se afirma que existe una relación causal entre las exigencias de ciertas profesiones  y los trastornos de alimentación. Además de las modelos, y ciertas profesionales relacionadas con la estética y del mundo del arte, a las trabajadoras de pubs y discotecas, se les exige un cierto físico que atraiga a la clientela, y con una cultura de la fiesta en que se recurre a una alimentación escasa y mala, los problemas alimenticios son acuciantes.

Las dependientas de cadenas de moda, son reclutadas también entre gente muy joven y muy delgada, que además de estar expuestas a largos periodos de trabajo, comen en los aseos en pocos minutos alimentos muy calóricos, y en donde en su convenio laboral no se reconoce un tiempo para comer sano y bien.

La pregunta que se plantea es qué puede hacerse desde el Estado para combatir la discriminación corporal y qué alternativas morales y políticas se nos presentan por delante.

La solución controvertida que propone es que podemos plantear diferentes medidas. Por un lado, si se dice que es ilegítimo que el cuerpo sirva para conseguir trabajo, se debería penalizar cualquier forma de discriminación por la apariencia física, creando una legislación severa al respecto.

La otra opción  que plantea sería que, si se considera el atractivo físico como requisito de ciertas profesiones, habría que distribuir de manera democrática y de manera clara las competencias claras para cultivar el atractivo físico. Por tanto, una salida posible consistiría en oficializar los criterios. Así, estos dejarían de funcionar de forma caprichosa e injusta: las candidatas a tales empleos sabrían qué hacer para lograrlos y podrían activar un programa racional (en su cuerpo, en su apariencia) para la consecución del trabajo  En la escuela, con una asignatura sobre la importancia del cuerpo para lograr un trabajo y cómo cultivarlo para sacarle el mejor partido como herramienta en este sentido. En el mundo laboral, incluyendo en los convenios colectivos que determinados trabajos son cualificados físicamente.

Los datos del estudio reflejan, que se debería incidir más en las relaciones laborales que generan los trastornos de alimentación, afirmando que la extrema delgadez debe ser considerada riesgo laboral en determinadas profesiones, y que si no se hace se incurrirá en discriminación de género porque 9 de cada 10 personas que sufren trastornos alimentarios son mujeres.

Por último, subrayar la importancia de factores determinantes que predisponen y perpetúan estos trastornos de alimentación que sufren muchas personas. Entre ellos, destacar el papel  determinante que juegan los medios de comunicación con reiterados mensajes aludiendo a la figura de un estereotipo de mujer irreal, la publicidad engañosa y los creadores de moda utilizando una imagen femenina con un peso muy inferior a los límites saludables, el desconocimiento de la población juvenil sobre este los trastornos de alimentación, y la propagación  de  valores en los que la cultura del éxito está asociada a una  buena apariencia física para  triunfar en la vida.

Fuentes consultadas:
-Modelos: Riesgo, profesión y vacío legal. María Llanos Calero
- Mercado de trabajo y trastornos alimentarios: las condiciones morales y políticas de la resistencia. Jose Luis Moreno Pestaña. Universidad de Cádiz