jueves, 20 de noviembre de 2014

Condiciones laborales, trabajadoras y trastornos alimentarios



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Debido a la alimentación y un estilo de vida inadecuado de la sociedad moderna, con un alimentación rápida e hipercalórica y altas dosis de sedentarismo, han aumentado los problemas de sobrepeso y obesidad. Como reacción ante esta situación, se han construido unos valores estéticos de delgadez y de culto al cuerpo, además de actitudes sociales de marginación a las personas con obesidad.

 Estos valores y actitudes toman más fuerza entre las mujeres, jóvenes y de clases altas, donde han disminuido en esta parte de la población el porcentaje de obesidad y ha aumentado el bajo peso y los trastornos de conducta de alimentación.

De esta manera se hace necesario superar el dilema entre padecer obesidad o sufrir trastornos alimenticios, por medio de una adecuada educación de buenos hábitos alimenticios y deportivos.

Existen por otro lado, ciertas profesiones que exigen a sus trabajadoras en su mayoría, ciertas condiciones estéticas de peso y altura y en la que se puede considerar que están por debajo de lo que la OMS, puede señalar como saludable. Como ejemplo, las profesiones relacionadas con la industria de la moda, y cuyo objeto social tiene este fin, y a las que se les exige a sus empleadas que tengan unas determinadas medidas, prohibiendo incluso en sus establecimientos la venta de tallas superiores a la 42 o la venta exclusivamente de tallas inferiores a la 38. La obsesión por la delgadez de la industria de la moda ha llegado a provocar incluso que algunas jóvenes acaben ingresadas en el hospital debido a su desnutrición.


 Llama la atención el vacío legal en relación con la regularización de la actividad que ejercen las modelos y las actividades que desarrollan las agencias que las representan y todas las industrias cuyo objeto social, expongan a sus trabajadoras a ciertas condiciones físicas que supongan un riesgo para su salud, como tener un determinado peso o talla.

Para ciertas profesiones la apariencia física, se ha convertido en un reclamo, que cotiza más en alza que las habilidades técnicas para realizar el trabajo. En una interesante investigación sobre "Trastornos alimenticios y mercado de trabajo" de Jose Luis Moreno, se afirma que existe una relación causal entre las exigencias de ciertas profesiones  y los trastornos de alimentación. Además de las modelos, y ciertas profesionales relacionadas con la estética y del mundo del arte, a las trabajadoras de pubs y discotecas, se les exige un cierto físico que atraiga a la clientela, y con una cultura de la fiesta en que se recurre a una alimentación escasa y mala, los problemas alimenticios son acuciantes.

Las dependientas de cadenas de moda, son reclutadas también entre gente muy joven y muy delgada, que además de estar expuestas a largos periodos de trabajo, comen en los aseos en pocos minutos alimentos muy calóricos, y en donde en su convenio laboral no se reconoce un tiempo para comer sano y bien.

La pregunta que se plantea es qué puede hacerse desde el Estado para combatir la discriminación corporal y qué alternativas morales y políticas se nos presentan por delante.

La solución controvertida que propone es que podemos plantear diferentes medidas. Por un lado, si se dice que es ilegítimo que el cuerpo sirva para conseguir trabajo, se debería penalizar cualquier forma de discriminación por la apariencia física, creando una legislación severa al respecto.

La otra opción  que plantea sería que, si se considera el atractivo físico como requisito de ciertas profesiones, habría que distribuir de manera democrática y de manera clara las competencias claras para cultivar el atractivo físico. Por tanto, una salida posible consistiría en oficializar los criterios. Así, estos dejarían de funcionar de forma caprichosa e injusta: las candidatas a tales empleos sabrían qué hacer para lograrlos y podrían activar un programa racional (en su cuerpo, en su apariencia) para la consecución del trabajo  En la escuela, con una asignatura sobre la importancia del cuerpo para lograr un trabajo y cómo cultivarlo para sacarle el mejor partido como herramienta en este sentido. En el mundo laboral, incluyendo en los convenios colectivos que determinados trabajos son cualificados físicamente.

Los datos del estudio reflejan, que se debería incidir más en las relaciones laborales que generan los trastornos de alimentación, afirmando que la extrema delgadez debe ser considerada riesgo laboral en determinadas profesiones, y que si no se hace se incurrirá en discriminación de género porque 9 de cada 10 personas que sufren trastornos alimentarios son mujeres.

Por último, subrayar la importancia de factores determinantes que predisponen y perpetúan estos trastornos de alimentación que sufren muchas personas. Entre ellos, destacar el papel  determinante que juegan los medios de comunicación con reiterados mensajes aludiendo a la figura de un estereotipo de mujer irreal, la publicidad engañosa y los creadores de moda utilizando una imagen femenina con un peso muy inferior a los límites saludables, el desconocimiento de la población juvenil sobre este los trastornos de alimentación, y la propagación  de  valores en los que la cultura del éxito está asociada a una  buena apariencia física para  triunfar en la vida.

Fuentes consultadas:
-Modelos: Riesgo, profesión y vacío legal. María Llanos Calero
- Mercado de trabajo y trastornos alimentarios: las condiciones morales y políticas de la resistencia. Jose Luis Moreno Pestaña. Universidad de Cádiz

2 comentarios:

  1. Muy interesante este tema Silvia, existen multitud de empresas, muchas de ellas relacionadas con la moda, en las que sus trabajadoras deben ser jóvenes y delgadas, supongo que no las tienen en nómina más de 6 o 7 años porque siempre son jovencísimas. Por otra parte, aunque la presión es fuerte y el lavado de cerebro ya empieza en la infancia para las niñas, también estoy observando una presión parecida en los chicos jóvenes.

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  2. Carmen, desde luego que también afecta a los chicos, aunque la estética que siguen ellos es más bien musculados y torneados, y no de extrema delgadez. La verdad es que no se debería pedir ni el peso ni la talla para aceptar o despedir a alguien en su trabajo, pero la realidad nos guste o no es que todas sabemos que para ciertos empleos como no tengas un buen físico, no te contratan. Lo que en mi opinión habría que velar como una función más de la prevención de riesgos laborales, unos controles periódicos sobre los hábitos alimenticios y los posibles problemas que en este sentido pudieran aparecer para las personas que se les exige una cierta apariencia física.Habría que sancionar las presiones de los responsables de las empresas, por la influencia significativa que pudieran tener para que tengan un determinado peso y talla, ya que estarían incidiendo en la generación de unos riesgos para la salud de las trabajadoras/es.
    Saludos!!!

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