viernes, 15 de mayo de 2015

Decidir el voto desde la igualdad de género



elecciones, género, política
Ante las elecciones tanto municipales como autonómicas que se van a celebrar por todo el pais, las mujeres tenemos mucho que decir, que elegir, que comparar, porque no todo vale, porque la política afecta a todos y a todas.

Somos la mitad de la población y seguimos estando en desventaja desde el punto de partida hasta el punto de llegada. Pero hay algo más grave aún: nos matan, nos asesinan. Es un terrorismo machista, que hace que se deban de tomar medidas urgentemente porque es insostenible. Existe desgraciadamente un espejismo de igualdad, que parece que todo está conseguido, derechos, libertades…pero nada más allá de la realidad, aunque haya gente que nos diga:¿Qué queréis más?

Queremos en primer lugar que pare este feminicidio, y que se reconozca como tal. Queremos medidas desde el gobierno y que se tomen ya. Por eso, hay que mirar con lupa los programas de los partidos políticos, exigiendo que se aumenten las medidas de protección a las víctimas de la violencia de género o que  se imposibilite que un maltratador pueda tener la guarda y custodia o régimen de estancia, relación y comunicación con los hijos, si el juez lo considera conveniente, entre otras. Se necesita una visión global del problema  e incidir en su raíz: el machismo.

Lamentablemente, estamos muy acostumbradas a que prescindan de nosotras en los círculos de poder, donde se toman decisiones importantes que afectan a hombres y mujeres, como es en los partidos políticos, porque “sin mujeres no hay democracia”. Si en las listas de los partidos no van mujeres algo falla, algo no cuadra, porque aunque prediquen que van a lograr una sociedad más igualitaria. ¡Ya se sabe… estamos en campaña!

Los recortes presupuestarios efectuados por los gobiernos han afectado con mayor incidencia al sector público y a los servicios de asistencia, cuyos empleados y principales beneficiarios son  en su mayoría mujeres, convirtiéndolas  en las principales víctimas de las medidas de austeridad.

 En definitiva, esto se traduce en reducciones salariales, pérdidas o precarización de los empleos. En consecuencia, resulta indispensable tener en cuenta, entre otras, el impacto de género en las medidas que se propongan en los programas electorales de los diferentes partidos a la hora de hacer frente a la crisis y desarrollar soluciones para superarla. 

género, eleccione, política

Existen medidas fáciles y sin costos para las entidades públicas como la promoción de cláusulas sociales de género en las distintas fases del proceso de adjudicación de contratación pública, cuestión que debería mirarse en los programas electorales como una muestra del compromiso con la igualdad de género , ya que premiaría a las empresas comprometidas con la igualdad de género o que tuvieran algún “sello de igualdad en la empresa” y que se tuviera en cuenta el porcentaje o número de mujeres usuarias que se beneficiarían del contrato.

El hecho de tener hijos, ya se sabe, que no afecta del mismo modo al empleo de mujeres y hombres. La participación de las madres en el mercado laboral es un 12 % inferior a la de las mujeres sin hijos, mientras que la tasa de empleo de los padres es un 8,7 % superior a la de los hombres sin hijos.

 Por esta razón, es indispensable la implantación de los permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles y retribuidos al 100% para ambos progenitores, con una verdadera política de conciliación personal y laboral para mujeres y hombres, dejando de presentarla como un problema que afecta solo a las mujeres, ya que atañe a toda la sociedad.

Reconocer la importancia de los cuidados y de la reproducción social, debe tener una dimensión política no dejando en manos de las mujeres el sostén de estado de bienestar, sino que el gobierno debe garantizarla. Porque cuando se hable de privatizar  servicios básicos como  guarderías, colegios, hospitales o servicios sociales en general,  significará  que los cuidados, al final recaerán sobre las mujeres especialmente con menos recursos y en los costes de oportunidad de las cuidadoras: incompatibilidad laboral, probabilidad de perder el empleo, efectos sobre la propia salud y efectos sobre la vida afectiva y relacional. 

Además, las mujeres tenemos derechos a decidir y tener el control sobre nuestra sexualidad-incluida la salud sexual y reproductiva - derecho a decidir  sobre nuestra propia maternidad. En este sentido no se debe bajar la guardia.

Los presupuestos en materia de igualdad no pueden disminuir sino aumentar. Se necesitan mayores efectivos para hacer cumplir la ley de igualdad efectiva entre hombres y mujeres y por supuesto voluntad política. Así, se puede apreciar, como en los programas electorales la igualdad de género puede estar ubicada en un plano completamente secundario- se proponen medidas pero no es lo sustancial- o por el contrario aparecen como eje prioritario y transversal. 

Pero además, hay que tener en cuenta, en lo referente  a la concreción de medidas, desconfiar de los programas que hacen relación a la igualdad como declaración de intenciones, sin recoger medidas específicas, concretas y evaluables para la ciudadanía.

Porque ¿Qué ocurre con la perspectiva de género en la educación? Se presupone que es fundamental en una sociedad que aspira a ser justa e igualitaria, y muchas veces se trata de forma residual en los diferentes documentos electorales. Sin una perspectiva de género, se siguen transmitiendo los mismos discursos androcéntricos. ¿Es tan difícil realizar materiales educativos donde las mujeres estén representadas? ¿qué hay de fomentar la corresponsabilidad educativa? ¿Es tan complicado utilizar un lenguaje no sexista? Con una ley contundente, y una inspección que velara por ello, se ganaría bastante en el proceso de coeducación.

                                          “Porque las palabras no son neutras al igual que el espacio”

Las ciudades deben ser inclusivas para todos y todas, y principalmente seguras. Por esta razón un urbanismo con perspectiva de género es indispensable, ya que piensa los espacios en la funcionalidad de la vida diaria, donde se debe consultar a las mujeres en la planificación urbanística, porque “la forma en que vive la ciudad es distinta a la de un hombre, y por lo tanto lo que percibe también es diferente”, y además en la mayoría de las ocasiones son portavoces de las necesidades de la infancia y las personas mayores. Las pautas de movilidad son diferentes para hombres y para mujeres y se deberían diseñar planes de movilidad teniendo en cuenta esta situación.


Decidir el voto desde el punto de vista de las políticas de igualdad, puede ser una buena manera de decantarse por una u otra opción política, ya que seguramente no solo podrá beneficiar a las mujeres sino que se traducirá en mayor bienestar social.


                                                           





miércoles, 6 de mayo de 2015

Lo que esconden las etiquetas que se dan a las obras literarias de las escritoras



escritoras, literatura, dramaturgas, femicrime
Muchas veces las etiquetas que se atribuyen a las creaciones literarias hechas por mujeres sirven y han servido para encasillar, discriminar o menospreciar sus obras, pretendiendo relegarlas al estatus de  segunda categoría.

El tema es, que por el mismo hecho de ser mujer, siempre se han cuestionado las creaciones culturales de las mujeres, en cualquiera de sus disciplinas. Cuando las dramaturgas del siglo XIX empiezan a escribir obras teatrales, si había talento según la crítica, se asociaba al espíritu varonil, es decir, se va a elogiar por su travestización, e incluso se llega a pensar que no son las autoras de sus obras.

“Porque lo que tradicionalmente se ha valorado de una escritora es que no se note que es una mujer”

El crítico de La Ilustración lo refleja con gran nitidez al hablar de la obra de la dramaturga Rosario de Acuña: los afectos que entretejen aquella obra «no están en esas fibras delicadas que un fino instinto de mujer, dotada de peregrino entendimiento, puede penetrar sin esfuerzo. Rosario, poeta en su drama, es poetisa en sus obras líricas». Y abundando en la diferencia, señala: «Aquel drama parecía de un hombre, estas poesías se parecen a las de todas las mujeres».

 Diferencian, pues, muy bien entre unas y otras; entre las escritoras que son poetas y las que son poetisas, término que generaliza el desprecio por las creaciones de las mujeres, adquiriendo una connotación negativa, que aún conserva.

Así lo “femenino” suele ser considerado como creación particular, intimista y esquemática, más intuitiva que razonable, más emotiva que intelectual. La inteligencia ligada siempre a lo masculino. En un libro, si un personaje está preocupada por la maternidad es femenino y particular, y si un hombre está interesado por la primera guerra mundial es masculino, es decir, universal

Como argumenta la escritora Laura Freixas a veces, las escritoras han de responder a preguntas sencillas del tipo: ¿Consideras que haces literatura de mujeres o para mujeres? o ¿Cómo influye en sus libros el hecho de ser mujer?  Curiosamente nunca se plantea si existe una escritura masculina, esto implica que el paradigma es uno, el de los escritores, y lo que las mujeres hacen se juzga y se cataloga por comparación.

Hay autoras que se ponen de moda porque su creación literaria tiene un impacto, como si de un fogonazo se tratara,  y a los medios de comunicación les interesan quizás otras cuestiones relacionadas con como visten, su vida, es decir les interesa más por el hecho de ser mujer que por su faceta de escritora; cuestión de marketing. Luego desaparecen y se sube a otra más joven y “así se simula que hay muchas escritoras que cuentan”.

Pero la realidad, es que los grandes premios literarios, están copados por escritores, con lo cual las nuevas escritoras no tienen esa herencia simbólica, ni referencias importantes de autoras, véase los contenidos de los libros de texto de literatura.

“Cuando las autoras se salen de la tradición y enfrentan otros caminos no trillados, la crítica oficial y canónica suele obviarlas”

 Es lo que la poeta Noni Benegas ha llamado estar “fuera de campo”, y suele coincidir en temática con experiencias de mujeres, y por eso no debería presuponérsele una menor calidad literaria.

"Cuando un crítico afirma que una obra es de, sobre o para mujeres, o femenina, dicha afirmación implica o introduce un juicio peyorativo"

De ahí, que muchas escritoras huyan “como alma que lleva el diablo” del término “literatura femenina” , con el que se supone que se designa tanto a la escritura hecha por mujeres, como la de contenido femenino, pero relacionando casi exclusivamente a su acepción más tradicional , ya que las escritoras no se sienten cómodas cuando se les asocia a él, existiendo muchas que proponen espacios y modelos femeninos nuevos, ya que la supuesta calificación de femenina conlleva un juicio común negativo por lo que las autoras prefieren evitar tal atribución.

Según Mercedes Arriaga “La literatura femenina no es exclusiva de las escritoras ni la literatura masculina, ha sido y es practicada por muchas autoras. La literatura de “estilo femenino”, no goza del mismo prestigio que su antagonista, es algo evidente, consecuencia de una tradición social, política, religiosa y cultural que sobrevalora lo masculino e infravalora lo femenino.”

Algunas personas parten de la consideración que no existe una literatura de mujeres o de hombres, sino solo “buena” o “mala literatura”, aunque se detienen ahí, sin entrar en el quién y con qué criterios se dice lo que es bueno o malo.

escritoras, literatura, dramaturgas

Actualmente el término “femicrime”, de ascendencia escandinava y que ahora empieza a oírse en la zona sur de Europa, no se libra de la quema al venir con demasiada carga negativa, e intenta categorizar con esta etiqueta, a las “novelas negras” escritas por mujeres y que además sus personajes protagonistas son mujeres también, y según algunos críticos  con  una “actitud femenina”.

El problema aparece cuando se confunde la diferencia en los personajes, con la calidad de la novela ¿Qué su protagonista sea un personaje femenino que resuelva todo tipo de crímenes y hable desde su propia experiencia de mujer, a la novela negra se le debe llamar de otro modo? ¿Qué sus personajes estén más interesados en el factor psicológico y humano, y que hablen de forma natural de la maternidad y no de sus andaduras en clubes nocturnos bebiendo whiskies, es un subgénero inferior y para mujeres? ¿Se ve rebajada su calidad literaria?. Las escritoras piden que en ven de acuñar nuevos términos, lo que hace falta es que se de mayor visibilidad a sus obras.

Para terminar nada mejor que hacerlo con unos versos de Rosario de Acuña,  que se titula  ¡Poetisa!, el cual se incluye en su poema Ecos del alma, que ilustra perfectamente como esta preocupación por las etiquetas no es nada nueva.

¡Poetisa!
( …)Si han de ponerme nombre tan feo
todos mis versos he de romper ;
no me cuadra
tal palabra
no la quiero;
yo prefiero
que a mi acento
lleve el viento
y cual sombra
que se aleja
y no deja ni señal,
a mi canto que es mi llanto,
arrebate el vendaval.

Fuentes consultadas 

- La escritura sin género. Cecilia Urbina
- Literatura escrita por mujeres, literatura femenina y  literatura feminista en Italia. Mercedes Arriaga Flórez. Universidad de Sevilla.
- Granite Rainbow.Abril 2014. Número 27.
- Conferencia Sedas y telones: la invisibilidad de la mujer dramaturga en el siglo XIX. Concha Fernández Soto. Universidad de Almería
-La escritura de mujeres, un capital simbólico que no se hereda. Juana Acosta


miércoles, 15 de abril de 2015

La presión de género para tener pareja ¿Ni contigo ni sin tí?

Patty y Selma de los Simpson




La soltería o el no tener pareja, a lo largo de la historia no ha tenido cabida en la cultura patriarcal que ha  trasmitido a través de las tradicionales atribuciones de género, la idea del matrimonio y la procreación como generadores de plenitud emocional y social a todas las personas, especialmente a las mujeres. 

Ésto, ensambla perfectamente con la lógica de la maquinaria capitalista, que se nutre de la división sexual del trabajo, ya que sin este reparto, no existiría la tradicional familia nuclear siendo la base de la sociedad industrializada en cuanto a la organización del trabajo y la vida.

Con la dinámica individualizadora de la sociedad y la búsqueda  de muchas mujeres hacia la liberación de las atribuciones tradicionales de género,  la salida masiva de los hogares y su progresiva incorporación al mundo laboral, las ha dotado  de independencia económica.

La postmodernidad ha traído que mujeres independientes económicamente, heterosexuales, sin pareja estable, posterguen, decidan renunciar a formar una familia, a la maternidad o deciden afrontarla solas, e incluso recurriendo a técnicas de reproducción asistida. Es un grupo heterogéneo donde entra en juego la historia de vida de cada mujer, la conciencia de género, los recursos y las condiciones de vida con las cuales cuente cada una de ellas, así como la condición de salud con la cual se llega a esta etapa de vida.
 
Quienes han estudiado la soltería como un fenómeno social, como Walters, Carter, Papp y Silverstein, y Barragán, coinciden en que no existe un único tipo de soltería, por el contrario, cada mujer experimenta su propia vivencia según su historia de vida. 

Muchas la viven enorgulleciéndose de estar en una situación de constante libertad y autonomía para poner sus propias necesidades en primer término, tomar decisiones independientes y disfrutar de su privacidad. También hay quien la vive como un cuestionamiento al estilo de vida asignado, “legitima la soltería como una forma de no asumir el legado patriarcal de la reproducción a expensas de la explotación de la condición de la madre y de la esposa abnegada, y reclama el derecho de las mujeres a la toma de decisiones respecto a su involucramiento en relaciones las cuales las pongan o mantengan en condiciones de desventaja”. 

En el caso contrario, otras la viven como una constante búsqueda de una pareja estable, con sucesivas y fallidas relaciones, centrando todos sus esfuerzos en ésto, lo que hace que no se centren en otros aspectos de su vida, y no conciben que la autorrealización y la identidad personal puedan venir de otras fuentes que no sea el encontrar la pareja ideal o la maternidad.

Estas mujeres en torno a los 40 años, de una u otra forma, comienzan a sentir la presión de género, con sentimientos contradictorios entre valores tradicionales y modernos ,"por un lado el ansia de libertad y espacio, y por otro, el logro del ideal del amor romántico". Pero en esta búsqueda, a su vez, se encuentran con relaciones sociales cada vez más pobres,  como han señalado Ulrich y Elisabeth Beck : “el camino directo para salir del matrimonio y la familia conduce, generalmente más temprano que tarde, otra vez hacia ella, y al revés”.
 
Sin duda, el concepto de “modernidad líquida”  de Zygmunt Bauman puede representar a  estos estados y a esta época, ya que con su  metáfora de la liquidez, da cuenta de la transitoriedad de los vínculos humanos en una sociedad narcisista, hedonista, con relaciones frágiles, y regida por las leyes del mercado.

El deseo y/o necesidad de individualización y el deseo y/o necesidad de una relación compartida constituyen una suerte de esquizofrenia que puede considerarse como la patología postmoderna y postromántica por excelencia. Esto se resume muy fácilmente en “un contigo ni sin ti”.
 
La estereotipia patriarcal, necesariamente, cala en la auto-identidad de las mujeres. El concepto de amor en el que se educa a las mujeres  desde pequeñas, es un tipo de amor como inherente a la condición femenina e implica necesariamente entrega incondicional, completarse a través de la media naranja y satisfacer las necesidades del otro.

Aquellas quienes no tienen pareja sufren de gran presión social. Se las cronometiza. Uno de los principales mandatos no explícitos hacia las mujeres, es el de tener pareja como requisito para sentirse personalmente realizada. Esta presión llega a ser tan fuerte, está tan imbricada en nuestra identidad que llega a afectar, incluso, al autoconcepto, a lo que creemos que somos, y ese miedo a la soledad, ya que las mujeres la interiorizan como sinónimo de fracaso o desolación.
Pero según la psicoanalista Cruppi “nadie se encuentra totalmente sola o solo, sino que atravesamos momentos de soledad. 

“Hay mujeres que eligen estar solas en lo referido a formar una pareja o construir una familia, mientras que hay otras que lo padecen”

En el camino hacia una sociedad más igualitaria y modelos saludables de comportamiento, se necesita combatir la presión de género que impera en la sociedad patriarcal para superar  el rechazo a no aceptar que existan mujeres sin pareja, en donde otras dimensiones como la libertad, la independencia, los espacios en la casa, la amistad, las obligaciones en sí mismas, lejos de vivirlo como una carga en solitario, son vividos como fuente de fortaleza y seguridad, así como el mito de la maternidad como esencia femenina, que sigue calando en la identidad de las mujeres.  

Fuentes consultadas
-La soltería en mujeres de mediana edad. Celia Villarreal Montoya
- Sexualidad, género, cambios de roles y nuevos modelos de familia. Anastasia Téllez Infantes. Javier Eloy Martínez Guirao. Universidad Miguel Hernández.
-La boletina. Año 2010. Relaciones de pareja desde una perspectiva de género. Asociación de mujeres para la salud.

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